IGNACIA MARÍA NAVAS CAYAMA

    MARÍA NAVAS CAYAMA                                             
Ignacia María Navas, mejor conocida como MARÍA NAVAS,  nació  en la población de Santa Ana de Paraguaná, entonces municipio Falcón; hoy municipio Carirubana del estado Falcón, Estados Unidos de Venezuela. Fueron sus padres Juan Navas  y Vidalia Cayama.

Formó su hogar muy joven, plantando un ramillete de hijos que son su orgullo. A saber: Esteban, Maribel, Yusmelys, Gustavo, Carmen y Ángela.

Y, parte de su entorno familiar son sus hermanos: Esteban, Armando, Lorenza, (difuntos) y Juan Argenis, Martha, Fanny, Francisca, Alicia, Carlos y Alfredo.

Hablar de María Navas como cariñosamente se le conoce, es grato, porque ella se ha impuesto como tarea ser un vocero de la comunidad y lo ha logrado. Es, una menuda mujer de tamaño, pero grande de corazón, donde convergen todos los sectores del pueblo. Con apenas 6to grado de instrucción, SEGÚN ELLA CONFIESA, a la hora de hablar por su comunidad, lo hace con carácter y propiedad. Pertenece a la mesa técnica de energía y durante tres años formó parte de la mesa técnica de los servicios públicos.

Vaya esta reseña como PÚBLICO RECONOCIMIENTO  a quien de manera desinteresada ha luchado por su comunidad y es factor importante en la lucha diaria que mantenemos por las mejoras de nuestra calidad de vida.

Área Religiosa “Dios en esta casa diría María, con el niño en brazos lleno de alegría... y si estuviera viva sería Genara la que lo vistiera y lo perfumara” María Ignacia tiene su nombre escrito en el libro del área religiosa santanera, porque siempre fue la cargadora oficial del Niño Jesús de Genara Gorgonia Faneite de García y de su hija Mamerta Ascensión, popularmente conocida como Ascensioncita, por parte de su mamá y como Chuncha por sus vecinos, las tres féminas residían en la otrora calle El Pájaro, hoy Colón. ...Una artesanal imagen del hijo de María y José, era colocada por la serrana Genara en una caja de cartón adornada con flores multicolores para que la Navas visitara varias casas de familias del pueblo, según una lista elaborada a máquina por la Chuncha, cuyo oficio era profesora de mecanografía.
En los primeros quince días del mes de diciembre, al llegar a cada hogar se escuchaba la voz de María anunciando a “Dios en esta casa” e inmediatamente una de las integrantes de la familia tendía un mantel sobre una mesa donde sería colocada la sagrada imagen a la que rezaban, perfumaban, vestían con hermosos trajes, pagaban promesas y en la cajita le colocaban un sobre con cierta cantidad de dinero, con el que las dueñas de la imagen le hacían su fiesta al Niño Jesús.
No faltaban en casa visitada, los agrados para María Ignacia: refresco, café, debudeques, cervezas negras (maltas) paledonias o galletas, gesto que la cargadora del infante agradecía con una sonrisa, al continuar su marcha a la siguiente casa.
Se murieron Genara y Mamerta y con ellas murió esta hermosa tradición que colmó de regocijo a otras generaciones de santaneros que desde hace mucho tiempo cruzaron el umbral de la eternidad, mientras que nuestra María Ignacia continúa evocando aquel tiempo decembrino y a su “Dios en esta casa” con su Niño en brazos llena de alegría. Área cultural…música y drama “Gloria al bravo pueblo” y “Yo soy la libertad y hago pedazos, los hierros de la férrea esclavitud” Tal como en lo religioso, en lo cultural María Ignacia tiene su nombre escrito en el libro musical de nuestro pueblo, porque era ella la voz inicial en el momento de interpretar cada día de clases el Himno Nacional de la para aquel entonces República de Venezuela, en la escuela nacional graduada “Narciso Antonio García”.
Era ella la designada por las maestras de guardia, por saberla poseedora de una muy destacada voz soprano que dejaba atrás a las voces contraltos, un poco menos a las de los tenores, pero allá muy lejos a las voces oscuras de la cuerda de los bajos. Al final del canto las voces de estas tres últimas cuerdas quedaban agotadas y María quedaba como si nada hubiese pasado. Pero no solo en lo musical, se destacó también culturalmente, porque en el área dramática la Navas se lució como actriz principal, siendo su máxima interpretación en “La libertad y el esclavo”, como la libertad; al lado de su condiscípulo Melvin José Hurtado Leen, en el rol de esclavo. En los años sesenta del siglo pasado, sollozaba un encadenado esclavo ante la libertad: “Libertad, libertad, nombre sublime, que mil veces llorando proferí, ten compasión de un corazón que gime y arráncame las cadenas que me oprimen, desde el día funesto en que nací”. Inmediatamente, María Ignacia, vestida de blanco con una cinta tricolor en el pecho, llegó hasta el esclavo y desatando las cadenas, ante aquel auditorio colmado de un silencio sepulcral, expresó: “Yo soy la libertad y hago pedazos, los hierros de la férrea esclavitud” momento cuando el silencio fue roto por los aplausos del público. Esa era María Ignacia Navas, una actriz de carácter. Miguel Barreno Jatar Cronista de Santa Ana de Paraguaná Febrero 2017

             !HONOR, A QUIEN HONOR MERECE

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