SAN BENITO DE PALERMO


 SAN BENITO DE PALERMO
ESCRIBE: EGLY COLINA MARÍN



San Benito el Moro, llamado así por su color negro, y de ascendencia africana, nació en 1526 en San Fratello, antes llamado San Filadelfo, provincia de Mesina (Sicilia), de padres eran cristianos, llamados Cristóbal Manassari y Diana Larcari, descendientes de esclavos negros. 

Benito cuidaba el rebaño del patrón siendo un adolescente y desde entonces, por sus virtudes, fue llamado el «santo moro». A los veintiún años entró en una comunidad de ermitaños, fundada en su región natal por Jerónimo Lanza, que vivía bajo la Regla de San Francisco. Cuando los ermitaños se trasladaron al Monte Pellegrino para vivir en mayor soledad, Benito los siguió, y a la muerte de Lanza, fue elegido superior por sus compañeros.

En 1562 Pío IV retiró la aprobación que el papa Julio II les hubo dado,  e invitó a los religiosos a entrar en una Orden que ellos mismos escogieran. Benito escogió la Orden de los Hermanos Menores, y entró en el convento de Santa María de Jesús, en Palermo, fundado por el Beato Mateo de Agrigento. Fue designado posteriormente al convento de Santa Ana Giuliana, por  tres años.

Nuevamente es designado a Palermo, donde vivió veinticuatro años. Al principio ejerció el oficio de cocinero con gran espíritu de sacrificio y de caridad sobrenatural. Se le atribuyeron muchos milagros.No tenia estudios pero el Señor le dio prudencia, sabiduría para aconsejar lo que atraía a multitudes. Hermano lego y desempeñó como guardián del convento, maestro de novicios y muy especialmente cocinero, cargo que desempeñó con gran amor.  

Dios quiso honrarle con sus dones pródigamente. Tenía tal luz para conocer la ciencia de las cosas divinas, que resolvía las dificultades y explicaba los lugares más oscuros de las Sagradas Escrituras, a los hombres más doctos que iban a consultarle. Las curaciones milagrosas, la multiplicación de los alimentos, el discernimiento de los espíritus y penetración de los corazones, vinieron a ser en él familiares y comunes.  Su fervorosa oración le llevó a una perfección altísima y a una comunicación con Dios.

Llegó al año sesenta y tres de su edad habiendo permanecido en la religión seráfica veintidós, y conociendo la cercanía de su partida a la vida eterna, se preparó, pues, fervorosamente y en el día y hora por él predichos, y, entregó su bendito espíritu a Dios; el 4 de abril de 1589.  

Su cuerpo, que aún se conserva incorrupto en el convento de Santa María de Jesús junto a Palermo, que al morir, empezó  en el acto, a ser objeto de la pública veneración de los palermitanos. Los innumerables milagros obrados por su intercesión obligaron a la Santidad de Benedicto XIV a beatificarlo; y después de nuevos prodigios, Pío VII le colocó en el catálogo de los Santos.

En la República Bolivariana de Venezuela se le venera y celebra el 27 de Diciembre de cada año, con las gaitas de tambora, ejecutadas esencialmente por mujeres de los pueblos en la madrugada del 27 de diciembre, día de San Benito. 

Sus ritmos, venidos de los ancestros africanos, evolucionaron, y siguieron mezclándose e influyendo decisivamente - a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX en los antiguos parrandones zulianos, que han derivado en la gaita zuliana moderna. El culto a San Benito de Palermo se realiza en muchas regiones de Venezuela, pero es quizás en el Estado Zulia donde se lleve a cabo con mayor fervor, especialmente en el sur del Lago de Maracaibo, donde alcance su máximo esplendor por la multitudinaria participación del pueblo y la esmerada elaboración del ritual. Las  fiestas en honor a San Benito patrono tienen su momento culminante los días 27 y 28 de diciembre, y finalizan el 6 de enero.

SAN BENITO BENDÍCENOS





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