JUAN TORO MARTÍNEZ- ESCRITOR E HISTORIADOR

JUAN TORO M CON GUILLERMO MENESES

    DON JUAN TORO MARTÍNEZ



Don Juan Toro Martínez, paraguanero por adopción fue un grande hombre. En 1967 cuando me desempeñaba como profesora en Punto Fijo, estado falcón, de donde soy natural, le conocí, por estar entre mis alumnas su hija Hildamar.  

Así pude evidenciar en él, diversas facetas, la de padre, esposo, locutor, poeta y productor radial de total sintonía, atrapando al oyente por la excelencia empleada en el desarrollo de los mismos. Casado con la pintora Hilda Álvarez de Toro Martínez.

Era un hombre preparado para la vida, consecuente amigo y de generosa conducta, quien disfrutaba de las cosas más pequeñas de la vida, según sus propias palabras.
Ejerció el periodismo en los Diarios El Nacional, El Universal, y en la revista Élite  Fundador del boletín industrial de la Refinería de  Amuay donde permaneció largo tiempo. Con él, se inició  la era de la buena programación, y la mejor selección musical. Fue toda una cátedra de buen gusto y refinamiento para los oyentes.

Nació en la barriada La Pastora de Caracas, República Bolivariana de Venezuela, el 04  de Mayo de 1928. Murió en Judibana, estado Falcón.

Consecuente con su pensamiento, Mónico cual era su verdadero nombre; nos realiza un análisis de la obra “Cien Años de Soledad” .Observemos el estilo:

“…Teníamos tiempo que no nos atrapaba, de manera tan incisiva, un libro como el de este dicharachero y cultivado García Márquez, a quien devoramos con el mismo éxtasis en la glotonería de un Aureliano Segundo. A decir verdad no habíamos leído así, con agobiadora perseverancia, sino algunas obras de Stefan Sweig, Jean-Paul Sartre y de nuestro Mariano Picón-Salas, escritores todos donde se cumple extraordinariamente la casi ya agresiva alucinación de la más patética, repulida y convincente literatura.

Lo que más me ha interesado de “Cien Años de Soledad” —título hermoso, pero que no rehúsa el alarde de atinada imaginaría de Macondo, a secas— lejos de ser su temática específica, ha sido el bordoneo de los detalles y esa como goterita de gracia auténtica con que están salpicadas las características de José Arcadio Buendía, Úrsula, el coronel Arcadio Buendía, Amaranta, Melquíades, Pilar Ternera, Rebeca, Santa Sofía de la Piedad, Petra Cotas, Pietro Crespi, Remedios, la Bella, y otros personajes del fabuloso mundo macondeano...

..."Por ahí ha comenzado a decirse, en las apreciaciones y críticas bien o mal intencionadas que el libro está suscitando, que el estilo de García Márquez en esta obra acusa una tendencia barroquista, además de una finura discretamente rebuscada que abarca lo pintoresco y lo clásico y lo moderno; y se le busca influencias con Rebeláis, Faulkner, Joyce, Alejo Carpentier, etc.... Estilo barroco e influencias —baladronadas a mi juicio— que no pueden causarle daño al volcán de la originalidad, al prodigio imaginativo y a la suma de provinciana belleza que, como elementos esenciales, corren inteligentemente en este volumen de narrativa mayor. 

Mientras leíamos a García Márquez, hemos pensado en la ausencia de humorismo que se observa en la mayoría de nuestros mejores narradores americanos, y se nos ha ocurrido esta ingenuidad porque, ahora preguntamos, ¿No será por lo del humorismo bien entendido que esta novela de García Márquez se sigue vendiendo en Caracas como pan caliente?...

Tan versátil escritor  sobrecoge con su análisis.  

Así que, nos encontramos en presencia de un gran escritor e  historiador nuestro, con mérito propio. 

HONOR A QUIEN HONOR MERECE”
Foto cortesía de la Licenciada Hildamar Toro. Izquierda Juan Toro Martínez,   dama y el escritor Guillermo Meneses.

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